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‘Wall·E’: Una autocrita muy original

Agosto 8, 2008 · 1 comentario

Queridos cinéfilos:

Ayer fui al cine a ver una película que muchos críticos ya han encumbrado a la categoría de ‘mejor película del año’. Se trata de Wall·E, el último trabajo de la factoría Pixar, unida en matrimonio desde hace un tiempo al gigante Disney. Una película que seguro no dejará indiferente a nadie, en la que la amistad y el amor que protagonizan dos robots, Wall·E y Eva, constituyen el epicentro de una trama que únicamente servirá de excusa para mostrar al espectador la verdadera miseria humana que 700 años atrás destruyó la Tierra a base de una explotación indiscriminada y poco sostenible del planeta. Es sin duda alguna una visión futurista y catastrofista que muchos expertos ya han vaticinado y cuyos consejos están siendo ignorados por una sociedad inmersa en una rutina destructiva que nos impide ver más allá de nuestro día a día.

Este trabajo constituye únicamente un toque de atención que todavía nos permite salir del cine y comprobar que aún hay tiempo de controlar nuestro sino y conseguir entre todos un Planeta sano y sostenible del que futuras generaciones también puedan disfrutar. Dentro de unos años, puede que ya sea tarde y la espiral destructiva de la sin razón acabe, entre otras muchas cosas, con los cines, de tal forma que lo que veamos ya no sea ficción sino realidad.

‘Wall·E’ no cuenta ni con escenas de acción, ni con los mejores efectos que estoy segura que Pixar es capaz de recrear, sino que la fuerza recae en su historia, atípica, para mentes tan mal acostumbradas como las nuestras, pero muy fácil de convencer y encandilar al público. Lo cierto es que tampoco nos encontramos ante una película de animación al uso,  todos aquellos a los que no os convencen los dibujos animados no os dejéis engañar por su cartel, una vez sentados frente a la pantalla se os olvidará que estáis ante un filme animado y os inmiscuiréis de lleno en un extraordinario trabajo de autocrítica de la raza humana cuyo principal objetivo es mostrar las graves consecuencias que pueden acarrear el consumismo masivo, el papel destructivo de las grandes corporaciones y el poco respeto que mostramos ante el medio ambiente.


A pesar de la ausencia de efectos especiales impactantes, debo reconocer que técnicamente hablando es alucinante. Recrea espacios que aluden a atroces realidades como es por ejemplo la acumulación indiscriminada de residuos, principal causa de que la vida en la Tierra terminara, a la vez que intenta dibujar las posibles estaciones espaciales en las que en un futuro, no muy lejeno, se podrían encontrar las personas, centros totalmente robotizados que hacen de la raza humana seres totalmente inútiles cuya movilidad está limitada a la de un sillón que les transporta a propulsión, no saben andar, están gordos y lo único que hacen es estar frente a una pantalla futurista a través de la cual mantienen conversaciones y consumen publicidad en grandes dosis. Todo un esperpento, la verdad.

La imagen está tan lograda que sin darnos cuenta nos plantamos en la mitad de la película y resulta que no ha habido diálogo. Un aspecto que conseguimos no echar en falta, gracias al trabajo desempeñado por el equipo de Andrew Stanton, que consigue durante la primera media hora de la cinta recrear a la perfección la complicidad entre los dos robots protagonistas de la historia, sus movimientos, sus expresiones, su amistad, resultando todo ello más que suficiente para captar la atención del espectador y establecer esa empatía tan necesaria para enganchar al público.

Después de todo el cúmulo de aciertos que os he descrito cometería un sacrilegio sino le uno el de los efectos de sonido y la banda sonora, que constituye, sin duda alguna, una de las mejores sonorizaciones que Disney ha hecho a ninguna de sus películas. Aunque no podía ser de otra forma conociendo al responsable de todo ello, Ben Burtt, uno de los sonidistas más importantes del mundo, cuyas innovaciones han sido en varias ocasiones merecedoras de Óscar, y ha conseguido que películas buenas se convirtieran en extraordinarias, en lo que a efectos especiales se refiere, como Star Wars  o ET el extraterrestre.

Todos aquellos que me seguís ya os habréis dado cuenta que en absoluto soy fan de la ciencia ficción y sin embargo os sorprenderá mi posición en lo que a esta película respecta. Con ello quiero haceros llegar mi gran sorpresa y mi gratificante sensación al salir del cine y comprobar que por fin una película de estas características ha conseguido sensibilizarme. No sé si habrá sido el simpático robot o ver mi planeta destruido, el caso es que me ha hecho plantearme la vida de otra manera y me ha ayudado a darme cuenta que las consecuencias pueden ser devastadoras “el día de mañana”, como reza el título de la película de Roland Emmerich, otra visión catastrofista pero no irreal del futuro planetario que podría desencadenarse sino controlamos otro de los aspectos que más preocupan a los científicos, el cambio climático.

El caso es que para mí, igual que para miles de personas que ya han podido disfrutar de esta película, Wall·E tiene todas las papeletas para convertirse en el filme del año, llegando incluso a hacerse con el Óscar a la mejor película de animación. Algo que desearía, puesto que significaría el reconocimiento a una conciencia que, pudiendo resultar demasiado catastrofista , es necesaria para salvar nuestro Planeta cada vez más destrozado por la acción incontrolada del ser humano. Reflexionemos…

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