Cada vez es más común encontrarnos con actores consagrados venidos a directores de cine de la noche a la mañana. Yo pensaba que dirigir era la labor más difícil, costosa y sacrificada del cine y resulta que ya cualquiera es capaz de emprender proyectos de este tipo. Perdonad mi pesimismo, pero es que cada vez estoy más convencida de que el mundo del cine está igual de enfermo que el resto del mundo, no solo artístico, sino en general, cuya única medicina infalible es el “dinero”. Después de observar durante muchos años el mundo del cine de cerca he llegado a la conclusión de que la industria cinematográfica representa a la perfección el popular símil de la “pescadilla que se muerde la cola”: (Véase la siguiente reflexión)
Pregunta: -¿Quién dirige?
Respuesta: – Quien tiene dinero, MUCHO dinero. Porque ya no vale cualquier producción.
Pregunta: – ¿Y dentro del cine quién tiene dinero?
Respuesta: Además de las grandes productoras, aquellos que llevan dentro del negocio muchos años y han ganado tanto dinero que ya no saben qué hacer con él. Claro ejemplo, las grandes estrellas de cine.
No quiero generalizar, pero hasta hace unos años, dirigía quién valía e interpretaba quien podía, y con ello no quiero decir, que cualquiera valga para interpretar, al contrario, cada vez es más difícil ver una película en la que el elenco al completo sea admirable. Ahora parece que la interpretación de un equipo al completo es salvable con que uno de los protagonistas sea bueno. Grave error si tenemos en cuenta que más del 50% de la calidad de una película depende del equipo artístico con el que cuentes para contar tu historia. Puedes tener a los mejores directores de fotografía y de efectos especiales y aún así que la crítica no te acompañe. No debemos olvidar que a los espectadores nos enamoran los actores, sus sentimientos y su forma de contarnos la historia y no el encuadre, la iluminación o una gran explosión, aspectos que si están bien logrados por supuesto que se agradecen, pero no son imprescindible. Sino, echad un vistazo al pasado y os daréis cuenta de que todas las grandes películas son así consideradas porque detrás de ellas se esconde una buena historia y unas muy buenas interpretaciones.
Todo esto es culpa, sin duda alguna, del atroz capitalismo que se ha adueñado de un arte, que en muchas ocasiones ha abandonado su esencia, y se ha colocado a merced de la industria, como si su elaboración consistiese en un trabajo mecánico y no en una convicción artística cuya madurez es alcanzada después de un arduo proceso de lucha interna y sentimientos transformados en acciones que sólo unos pocos son capaces de transmitir de forma coherente.
Llegados a este punto os pregunto: ¿Quién debe dirigir una película? ¿Quién puede o quién vale? Si sois de pensamiento academicista pensaréis que quien vale, porque para eso el cine es un arte y los que lo materializan son artistas, y por supuesto, no todos valemos para ser artistas. Pero aquellos que se decanten más por un pensamiento mercantilista seguro que consideran que quién debe hacer cine es quién pueda, quién tenga medios, quién tenga dinero. Mi opinión personal es que las dos visiones son correctas, es decir, por supuesto que quién hace cine es quién puede, porque es una forma de expresión cara y necesita de capital, pero creo que es importante que no perdamos de vista la esencia artística del cine que muy pocas personas tienen y que es necesaria para conservar la actividad cinematográfica como algo exclusivo y capaz de ilusionar y hacer soñar día a día a millones de personas. ¡Vale que es un negocio, pero no cualquier negocio!.
Después de esta extensa reflexión os preguntaréis que dónde quiero llegar. Pues bien, hace unos días me enteré por los periódicos y foros especializados que Natalie Portman, mundialmente conocida por interpretaciones como las de “Star Wars”, o “Closer” y una de las actrices más reconocidas y deseadas de Hollywood, presenta en la próxima Mostra de Venecia un corto dirigido por ella misma. Una obra de 17 minutos de duración que cuenta con dos estrellas del cine estadounidense Lauren Bacall y Ben Gazzara y que narra una historia de amor en la tercera edad en clave de comedia. Este es uno de los ejemplos que me ha servido para reflexionar sobre la cuestión que inicialmente os he planteado. Aún no he podido ver su trabajo por lo que no puedo afirmar si se trata o no de una de esas obras hechas más por alguien que puede que por alguien que vale.
Aún así, este no es el único ejemplo que me ha servido de inspiración, hay millones. De hecho muchas de las estrellas de Hollywood, consideradas celebridades de la interpretación, en algún momento de su vida se han puesto detrás de una cámara a dar órdenes. Véase el ejemplo de George Cloney (Buenas noches, Buena suerte), Robert De Niro (El buen pastor), Kenneth Branagh (La flauta mágica) y un largo etcétera que hacen del arte un oficio mercantilista, rebajado al súmun de la ordinariez.
Por suerte hay excepciones que confirman mi regla: Clint Eastwood y películas como “Mystic River” y “Million Dollar Baby”, dos obras que merecen, bajo mi punto de vista, la etiqueta de excepcionales y que de alguna forma han marcado un antes y un después en la carrera profesional de este fantástico actor-director, acepción a la que muy pocos puedo atribuir.
1 respuesta hasta el momento ↓
Hollywood también llora la crisis « quealuCINE!! // Agosto 20, 2008 a 1:01 pm |
[...] posibilidad, al hilo de lo que la semana pasada comenté en el post ¿Quién dirige cine? , es que las celebridades ricas financien sus propias películas, esperando que sean un éxito en [...]