Firme candidata al Oscar. No hay duda. Realización impecable, magníficos escenarios, actores de primera y afectos especiales de muy alta calidad constituyen los principales ingredientes del exitoso cóctel que David Fincher ha ideado esta vez. En definitiva, una historia apasionante, de tintes inusuales, que no deja indiferente a nadie y un cúmulo de virtuosismo técnico adereza la que hasta ahora es considerada una de las películas del año: El curioso caso de Benjamín Button.
Apaguemos luces y comencemos a imaginar…
Finales de la Primera Guerra Mundial. Un niño diferente nace en Nueva Orleans. Su madre muere en el parto y su padre decide abandonarlo. ¿Qué secreto se esconde bajo esa mantita de bebé que propicia el rechazo de un padre?. Nada más y nada menos que un niño especial, que ha nacido envejecido, con un metabolismo propio de una persona de 80 años. Contra todo pronostico, Benjamín (nombre con el que le bautiza la mujer que lo encuentra abandonado) consigue sobrevivir a los primeros años de vida. Postrado en una silla de ruedas y con severos problemas de salud consigue vivir su infancia de la manera más complicada que nadie podía imaginarse. Es un niño atrapado en un cuerpo de mayor.

El tiempo pasa, y él rejuvenece. Posee un reloj biológico contrario al del resto de mortales. Aunque su mente evoluciona de la misma manera. Comienza siendo un niño y acaba siendo un viejo, pese a que su aspecto físico no se corresponda con el patrón al que estamos acostumbrados. A lo largo de su vida sentirá de igual manera que el resto de personas y se enamorará, aunque para él esta faceta no resultará nada sencilla. Realmente emotiva es la historia que vive con Daisy (la espléndida Cate Blanchett), una relación imposible que se convertirá en el telón de fondo a lo largo de todo el filme.
En resumidas cuentas, una historia conmovedora, apasionante y fascinante. El relato de un hombre que a pesar de sus inconvenientes lucha por tener una vida normal contada con sencillez pero de forma seductora, atrapándote dentro de las miserias y los logros de este curioso personaje, perfectamente definido por el maravilloso guionista del filme, Eric Roth, quien se basará en la idea de Scott Fitzgerald, y desarrollará una historia punteada por un realismo mágico que te llevará a percibir en cada momento las sensaciones propias de la fábula.

Pese a sus casi tres horas de duración, la atención del espectador apenas decae. Es cierto que hay momentos más flojos, pero la intriga que suscita el personaje y su curioso modo de vivir la vida mantiene despierto hasta al más escéptico. Una apuesta arriesgada y una historia de marcados tintes cercanos a la ciencia ficción disfrazada de un suntuoso realismo, se convierte en la delicia de un público fiel a las películas bien hechas, una máxima en la carrera del señor Fincher, que tras éxitos como Seven o El Club de la lucha, es considerado uno de los mejores creadores, realizadores y directores de Hollywood (aunque la Academia aún no le haya premiado por ello).
Artísticamente destaca en varios aspectos. A parte de por su impecable realización, algo innegable, también destaca por su elenco actoral (sobre todo protagonistas) y por sus magníficos efectos especiales. Tres importantísimos aspectos que hacen de la película la producción más importante del año, no sólo por su originalidad sino por el número de aciertos que acumulan en prácticamente todas las áreas creativas-artísticas que se desarrollan.

En definitiva, un sublime ejemplo del buen que hacer cinematográfico e indiscutible merecedora de toda alabanza que se le pueda dedicar.