Alemania, 1933. Hitler asciende al poder. Por aquel entonces aún quedaban hombres buenos en el corazón del imperio nazi, como por ejemplo Jonh Halder (Viggo Mortensen), un ilustre profesor de universidad, que sin quererlo se convierte en una de las personas más importantes e influyentes del régimen. Esta es la esencia de Good, una historia lenta, no excesivamente bien realizada, pero que te insta a cuestionar la naturaleza humana y que te trasporta a una época remota, con ideales y principios contaminados por un veneno indoloro, incoloro e insípido, propio de la maquinaria y propaganda nazi.
Jonh Halder, indiscutible protagonista del filme dirigido por el brasileño Vicente Amorin, es un buen hombre, un buen esposo, un buen padre y un buen hijo. Un abnegado padre de familia que cuida al mismo tiempo de su madre enferma, de su esposa convaleciente y de unos hijos en edad difícil. Sus días se pasan inmersos en una rutina que a la mínima no dudará en abandonar: sus clases, su familia y sus libros.

La llegada del nazismo le genera rechazo y le hace preocuparse por su amigo Maurice, un antiguo amigo y compañero de armas de la Gran Guerra que además de psiquiatra, es judío. Sin embargo, los cantos de sirena que le llegan desde las altas instancias del nuevo Reich, los halagos emitidos por altos cargos, incluido Hitler sobre una novela suya que trata el tema de la eutanasia y la muerta digna, las presiones de sus suegro por afiliarse al partido para conservar su carrera profesional, su propia debilidad de carácter y las apenas veladas amenazas que percibe de su entorno y sobre su propia persona, le hacen caer en brazos de la espiral de barbarie nazi.
Una vez resumido el argumento, creo que no es inapropiado decir que probablemente Jonh Halder no fuera tan “Good”. Justificar las equívocas acciones de un hombre que por temor al rechazo social es capaz de negar a un amigo, creo que traspasan la barrera de lo ético, moral y bueno. Por todos es bien sabido que fueron muchos los hombres cultos, capaces y preparados que abrazaron la causa criminal y demencial de manera entusiasta. Al régimen no le costó mucho tiempo ni esfuerzo convencer a los ciudadanos de lo beneficioso y placentero que era estar del lado del poder.

Basada en la obra teatral del dramaturgo C. P Taylor, Good lejos de convertirse en una de las mejores cintas del año, se constituye como una de las peores adaptaciones al cine que se han hecho. Es una pena que un proyecto que nacía con todos los ingredientes necesarios para convertirse en una de las producciones más interesantes de la temporada (actores interesantes, un guión excelente y un tema tan popular), al final haya producido tanto rechazo entre el público.
Más información: ficha técnica y trailer
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