El hombre es un animal de costumbres…y si no, que se lo digan a la familia formada por Marthe y Michel y sus tres hijos, ajenos al mundo real e inmersos en un particular universo al que los humanos asiduamente osamos llamar HOGAR. La imperante globalización nos ha hecho idénticos en cuanto a muchos aspectos de nuestra vida. Y el hogar es uno de ellos. De unas décadas a acá, nos hemos convencido de que nuestro hogar no puede ser otro que una bonita casa, ubicada en un bonito barrio residencial de una bonita ciudad. Pues bien, la familia protagonista de la película que hoy os recomiendo nos demuestra una realidad que a veces olvidamos: el bienestar de cada uno no depende tanto del contexto como sí de la compañía.
Marthe y Michael quizás no vivan en la casa más maravillosa del mundo, pero sus vidas funcionan a la perfección. Su pequeño hogar, ubicado al lado de una utopista abandonada, les hace privilegiados de un entorno del que llevan años aprovechándose: juegan al hockey en mitad de la carretera y ver la tele en la calle. Sus vidas son plenas y la relación entre todos ellos inmejorable. Aunque esto no dura para siempre. La paz es un día resquebrajada con la llegada de unas monstruosas escavadoras que son capaces de todo con tal de cumplir sus objetivos, en este caso, terminar la habilitación de una carretera que en su día se bloqueó. La ruptura de la armonía desempolvará la crudeza de una realidad a la que no se había prestado atención. Cada miembro de la familia aportará su particular punto de vista y su consiguiente vía de escape a la nueva e inesperada situación.

La película consta de tres momentos aparentemente claros: el primero, relativo al periodo de paz y reservada alegría. En él, Olivier Gurmet, con una interpretación adecuada, logrará ser el padre-eje que conecta la realidad con lo efímero. El segundo, que podríamos decir que corresponde con la habilitación de la carretera cuyo sentimiento de alegría generalizada pasará a convertirse en algo más cercano a la decepción y desesperación por retroceder al pasado. En esta segunda etapa de la película se irá fraguando el drama y desenmascarando ficciones utópicas. Y el tercer, que será el que como consecuencia de todo lo anterior, desemboque en un estallido de sentimientos encontrados. Una extraña mezcla de soledad que va dando paso a la desesperación y que se transforma por momentos en una inesperada impotencia.
En cuanto a la historia habría muchas más cosas que decir, pero os invito a que la veáis, reflexionéis y extraigáis vuestras propias conclusiones. Es probable que cada uno la interprete de una manera y logre darle el sentido que más se acerque a la visón que cada cual tenga de la realidad. Incita al debate, así que no os preocupéis si salís del cine y nadie quiere escucharos, nuestro blog siempre estará al servicio de todos aquellos que quieran expresar su opinión o exponer su argumento.

En lo que a aspectos más técnicos respecta, deciros que todos se encuentran dentro de lo aceptable. La realización a muchos os resultará interesante. Los encuadres y la banda sonora no sólo muestran, sino comentan, subrayan, critican y le imprimen un sesgo dramático a la narración: la música de jazz junto a la panorámica del hogar aislado de la civilización; la música metalera que escucha la mayor de las hijas, y que rasga el silencio de la casa vacía; el mutismo total cuando la familia ha tomado una decisión extrema…Todos ellos son elementos que complementan a la historia y le suministran al espectador pistas sobre las que construir su propia opinión.
Totalmente recomendable…
Más información: ficha técnica y trailer