Vuelve al cine uno de los mejores directores de ciencia ficción que ha dado Hollywood: James Cameron, el padre gestador de aquel impresinante Titanic y de aquel monstruoso Alien, salta al redil cinematográfico con una obra que no dejará indiferente a nadie, ni siquiera a los más excépticos del género: Avatar, una epopeya galáctica en 3D que supone una revolución para el cine actual.
Diez años de retiro y reflexión se agradecen en un director que está dispuesto a ofrecer un producto revolucionario en forma y contenido. Todos los que de alguna manera hemos seguido de cerca la trayectoria de este canadiense sabemos que es uno de los mejores realizadores que hay en la actualidad, te gusten más o menos sus películas, el aspecto formal que caracteriza a su producción es impecable y Avatar no podía ser menos.
Esta nueva producción nos lleva a un mundo situado más allá de la imaginación, en donde un recién llegado de la Tierra se embarca en una aventura épica, llegando a luchar, al final, por salvar el extraño mundo al que ha aprendido a llamar su hogar. El recien llegado es Jake Sully, un ex-marine en silla de ruedas que, a pesar de su cuerpo tullido, todavía es un guerrero de corazón. Jake ha sido reclutado para viajar a Pandora, donde las corporaciones están extrayendo un mineral extraño que es la clave para resolver los problemas de la crisis energética de la Tierra.

James Cameron imaginó por primera vez la película hace quince años, cuando los medios para llevarla a cabo y plasmar su visión todavía eran inexistentes. Ahora, después de cuatro años de producción, Avatar una película de acción en vivo con una nueva generación de efectos especiales, ofrece una experiencia cinematográfica totalmente cautivadora de nuevo cuño, en la que la tecnología revolucionaria inventada para la película desaparece en la emoción de los personajes y en el desarrollo de la trama.
Reconociendo que la historia en absoluto es original, un aspecto por el que la crítica probablemente se le eche encima, yo personalmente me quito el sombrero ante un Cameron que ha demostrado ser el cineasta más ambicioso tecnológicamente. Cada fotograma está caracterizado por una escrupulosa perfección que te hace viajar junto a los personajes durante las dos horas y cuarenta minutos que dura el filme.
Si algo podemos destacar es la aplastante lógica y verosimilitud en la creación del planeta Pandora, que nos obliga a comprar su mensaje ecologista, a creernos a sus habitantes, y a querer pasar más tiempo con ellos. Existe en Avatar una extraordinaria sensibilidad para crear todo un cosmos con unas relaciones entre lo divino y lo humano no sólo verosímiles, sino conmovedoras. A ello hay que añadirle la magnífica interpretación de los actores y la más que destacada utilización de unos efectos especiales no vistos hasta el momento.

En definitiva, Avatar es una bonita y épica película de aventuras, un film de ciencia ficción sólido, y un simple pero extraordinario entretenimiento. De obligada visita al cine. No podéis perderos este festín de virtuosismo cinematográfico.