Después de oir hablar durante años de esta eterna y terrorífica saga, por fin esta semana, del tirón, decidí ver todas las películas producidas hasta el momento. Comencé por la primera parte, que ya vi en su día, y después de varias horas frente al televisor, sin apenas pestañear, conseguí ponerme al día y convertirme en “freaki Saw”.
Debo reconocer que hasta la tercera parte, mi interés por la historia, no dejó de aumentar. Imbuida en el particular mundo Jigsaw, entrega a entrega, la historia me atrapó. No quiero dejar pasar la oportunidad de mostrar mi disconformidad con todos aquellos que recurren a la primera parte como única historia digna de mención. De hecho creo que la primera parte no sería nada sin las explicaciones que brindan la segunda y la tercera entrega: demasiadas incógnitas por descubrir, un final excesivamente abierto, una historia sin terminar y, lo peor de todo, un asesino por atrapar.
Originalidad quizás sea el adjetivo que mejor fina a la primera parte, y “más de lo mismo” a las siguientes, aunque debo reconocer que la intriga que dejan sus finales te invitan a continuar la historia cada vez más de cerca. Soy una amante incondicional del thriller, y la saga Saw, pese a ser muchas veces definida como películas de terror, creo que cumple bastante bien con las características típicas de este género. Una ventana abierta al misterio, un mundo desconocido y un malhechor con varios tentáculos que aun muerto es capaz de continuar con su obra.

Pese a conocer la identidad del asesino demasiado temprano, el interés por conocer más cosas sobre él no termina. Su psicología, sus intenciones, sus motivos…son aspectos que interesan al público. Puntos clave de un puzzle que forman parte de un sin fin de detalles que te obligan a ver las películas con los cinco sentidos puestos en las historias. Cada detalle es importante para comprender. Cada palabra de los personajes es fundamental. Y cada asociación necesaria para encajar los duros golpes de la historia, como por ejemplo, los asesinatos y los secuestros de los policías que comenzaron a investigar los casos.
Para mí, su peor error reside en la construcción de la trama. Demasiado seriada para mi gusto, un aspecto negativo que impiden al público seguir y comprender una entrega sin haber visto las anteriores. Todas están tan relacionadas y son tan similares que no permiten a un espectador que no haya visto las anteriores estar tranquilo en su butaca. Las dudas y las preguntas le acecharán, la incomprensión de la historia le cegará, y el sentimiento de marginación se apoderará de él hasta que por fin decide dar por perdida la película.

Tras una larga tarde de tensión decidí culminar mi interés por la saga acudiendo al cine. Mi objetivo: ver la última pieza del puzzle que hasta el momento podía colocar en el esquema que me estaba formando a medida que engullía las cuatro anteriores partes: Saw V. Esta vez dirigida por el productor de diseño de las anteriores entregas en la saga, David Hackl.
Una quinta parte muy poco terrorífica y, sin embargo, muy explicativa. Con la que sus guionistas han intentado cerrar todas aquellas puertas que abrieron a lo largo de las anteriores. Un vuelta a los orígenes de la historia, un descubrimiento de intenciones y una necesaria explicación a la inesperada relación que en la cuarta entrega se destapa entre “Puzzle” y Hoffman, el policía encargado de descubrir e investigar los anteriores casos.

El juego macabro en esta ocasión, y como podría preverse al final de Saw IV, apunta al agente Strahm (con una introducción impactante como pocas), cuyo rol recuerda mucho al del agente Tapp de la primera Saw: policía que pierde a compañero, se implica de forma obsesiva en el caso, es destituido e investiga por su cuenta. Por otro lado, y siguiendo con las referencias a las anteriores, la parte gore recae sobre un grupo de desconocidos que despiertan en una sala, y han de sortear diferentes trampas, como en Saw II.
En definitiva, no es la mejor película de la saga, pero mantiene el nivel de las anteriores en casi todo. Se mantiene estética, montaje, banda sonora, efectos visuales, e incluso ese rasgo tan peculiar de todos sus actores, que sin hacer grandes interpretaciones, han conseguido con su mediocridad conjunta darle más personalidad aún a la saga, y hasta parecer correctas, apropiadas e incluso necesarias.
La parte “negativa” se la lleva el guión, que aún siendo bastante bueno y original, da la impresión de acomodarse en la rutina y vivir de las rentas. Un riesgo asumido por la dirección aún sabiendo que a una parte importante del público le podía decepcionar.
