Un importante reto para Steve Jacobs, después del estrepitoso fracaso de La Spagnola. Una nueva oportunidad para llamar la atención, ¿será para bien?. Y una vuelta al peligroso mundo de las adaptaciones, ¿tendrá la suerte de acertar?. El autor elegido en esta ocasión es J. M Coetzeem, considerado uno de los mejores escritores del siglo XX y Premio Novel de Literatura 2003, y la obra seleccionada una de las más complejas de su colección: Disgrace, galardonada con el codiciado Premio Booker en 1999.
Diez años después de convertirse en una de las novelas más leídas del año y una de las más alabadas por la crítica internacional llega al cine. Así que añado: no sólo es un reto importante, sino sensiblemente peligroso. Si me permitís el símil, su adaptación al cine supone un arriesgado salto al vacío, y más aún si antes no nos hemos asegurado de que abajo nos encontraremos con una buena balsa de agua. Una vez visto la película, confirmo que en el fondo sí que había agua, aunque según revelan ciertas partes de la película, quizá no tanta como el público esperaba.
La historia, para aquellos que aún no lo sepáis, transcurre con el telón de fondo de una Sudáfrica post Apartheid con unas secuelas muy significativas en la moral y el estilo de vida de sus habitantes. El protagonista es David Lurie, divorciado y profesor de Poesía Romántica en una universidad sudafricana. David es un hombre privilegiado, pero abusa de su posición académica para tener una aventura con Melanie Isaacs, una joven estudiante mestiza. Después de un juicio bastante inquisitorial por parte del tribunal universitario, en el que rehúsa defenderse por orgullo, se ve obligado a dimitir. Cansado de la ciudad decide ir a pasar una temporada con su hija al campo, donde se desencadenarán una serie de acontecimientos que le obligarán a plantearse su vida y aceptar las desgracias que a cada uno de nosotros nos vienen dadas. Momentos de reflexión y preguntas sin respuesta serán una máxima a lo largo del planteamiento que realiza el director: una adaptación sin aditivos, seca y áspera con fundamento, poblada por individuos ceíbles arrojados a un lodazal de paradojas terribles en un equilibrio muy logrado de emociones al límite.

Debo admitir que la complejidad de su historia, para mí, acepta resbalones. Nadie ha dicho nunca que fuera fácil hacer una adaptación y a los hecho me remito. No es sencillo reflejar en 2 horas de proyección el mundo interno de un personaje cuya ínfima complejidad solo puede ser explicada a base de hojas y hojas de infinitas explicaciones. Aquí es donde reside la principal diferencia entre la literatura y el cine: en las limitaciones. La escritura se viste de licencias de las que el cine nunca podrá presumir. La magia que ambos artes intentar trasmitir al público disiente enormemente, aunque no me gustaría entrar en el eterno debate de cual de ellos es mejor, seguro que existen infinitas reacciones al respecto. Aunque sí que quiero resaltar el enorme riesgo que asume un cineasta cuando decide llevar una obra literaria al cine, y más aún sí de la obra de la que se trata es considerada un clásico, como es el caso que nos ocupa.
Por este motivo, principalmente, me gustaría felicitar a Jacobos. Por la valentía demostrada al aceptar el reto. Un reto bastante pulido, tal y como he podido constatar, después de haber pasado por las manos de Anna Maria Monticelli, que hizo de la novela un guión cinematográfico perfectamente hilvanado, construido y justificado, y en el que, sin ánimo de resultar pejiguera, solo hecho en falta una cosa: una mayor profundización en el peculiar mundo interior del principal personaje, el profesor David Lurie. Aunque como he dicho anteriormente, acepto ciertos resbalones propios de la limitación del cine, y este es uno de ellos.

Querer conocer a David Lurie a través de la película es imposible. Y querer averiguar sus motivaciones, sus intenciones y sus sentimientos se antojará arduo complicado para el público cinematográfico. Resulta obvio que la película, por motivos obvios, no puede profundizar tanto como la literatura. Aunque me agrada saber que el intento no ha sido hecho en balde, puesto que la película es capaz de compungir, afligir e impactar de la mima manera que lo hace la novela. Un trabajo digno, no solo gracias a la labor del equipo técnico y directivo, sino al brillante reparto capitaneado por el maravilloso John Malkovich, quien da la alternativa a una novata de fenomenal talento como es Jessica Haines. Un tándem perfecto, para una historia perfecta. Éste sería mi balance final.
Género: Drama
El polifacético Eastwood vuelve a la actualidad cinematográfica con una obra maestra: El Intercambio. Una historia que sólo él es capaz de convertir en una cinta perfectamente realizada, mejor aún ambientada, magníficamente interpretada y especialmente emotiva. Un guión que en manos de cualquier otro director, probablemente, no llegaría a ser más que un telefilme de sobremesa barato y ñoño, pero que el sobresaliente director y actor Hollywoodiense ha sabido reconducir hacia una obra excelente y merecedora de cualquier alabanza pública que se le pueda dedicar.


Género: Thriller
Vuelven a la carga los dos hermanos más famosos de Hollywood, Joel y Ethan Coen o como ellos mismos se hacen llamar: Roderick Jaynes, seudónimo bajo el que se enmascaran en algunos de sus montajes. Tras el rotundo éxito de No es país para viejos impecable trabajo de dirección y producción y ganadora de varios oscar, llegan a la gran pantalla con una nueva, sorprendente y disparatada propuesta bautizada como 

