Crítica El desafío: Frost contra Nixon

“Luces, cámara y acción…”

cartel7Corría el año 1972. Cinco hombres quedan arrestados por el allanamiento de la sede del Comité Demócrata Nacional en el complejo de oficinas Watergate. Tras profundas investigaciones llevadas a cabo por el FBI, el Senado y la prensa se descubre que detrás de múltiples acciones ilegales, corruptas e intolerables se encuentra un hombre quizás no ejecutor pero si consentidor de uno de los golpes a la democracia más grave que ha sufrido EE.UU en toda su historia: Richard Nixon. Consecuencia: la dimisión en 1974 del Presidente.

Esta es la premisa de la que parte el nuevo trabajo de Ron Howard: El Desafío: Frost contra Nixon. Tras una polémica, sonada e inusual dimisión del Presidente Nixon llega el momento de la redención y del lavado de imagen. Exiliado de Washington y recluido en su mansión de California a la espera de conocer las consecuencias de sus malos actos es absuelto de sus cargos por orden expresa de su sucesor Gerald Ford, quien le concederá el tan controvertido indulto. Es entonces cuando entra en escena el británico David Frost, un afamado presentador de shows livianos, que tras poner sobre la mesa una elevadísima cantidad de dinero logra entrar directo en la historia del periodismo universal tras conseguir ser protagonista de uno de los hitos televisivos más transcendentales en la historia política y social de un país: un cara a cara con Richard Nixon después del escándalo que le costó la presidenciaa. Un mérito, del que por cierto, nadie le creía capaz.

Un hecho sin precedentes que marcaría un antes y un después en la historia no sólo de un país sino también de sus dos protagonistas. Un acontecimiento que revolucionó el periodismo de la época y confirmó aún más el poder de la imagen y de la televisión. Y un momento crítico y único de confesión pública por parte de un Presidente corrupto acerca de lo que él consideró únicamente errores: “Errores que hechos por un Presidente, no suponen ilegalidades” llegó a admitir.

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El Desafío: Frost contra Nixon adapta la obra teatral de Peter Morgan, uno de los shows teatrales más exitosos de estos últimos tiempos. Muchos directores optaron al guión pero sólo uno lo consiguió: Ron Howard, director de livianas comedias como 1, 2, 3…Splahs, de adaptaciones de dudosa calidad como El Código Da Vinci y de obras maestras como Una mente maravillosa (ganadora de un Oscar). Una carrera llena de altibajos que llevó a muchos escépticos a dudar de los resultados del filme. Para mí sobresalientes.

Un planteamiento que merece mi admiración y un enfoque argumental muy dirigido y apropiado, componen uno de los puntos fuertes del filme. Su magnífico arranque y su acertada estructural de falso documental dan sentido e imparcialidad a una historia que podría haber sido contada desde muchos puntos de vista. Howard ha sabido dar relevancia quizás a uno de los puntos menos conocidos por el espectador: el entramado periodístico y la encarnizada lucha protagonizada por dos pesos pesados (un odiado Presidente y un famoso showman en el que nadie confiaba), quienes acabarán pareciéndose más de lo que esperan.

En este caso lo importante no era describir el Watergate (como he podido leer en muchas críticas) creo que ese es un tema ya muy desgastado. El espectador lo que busca en este filme es: por un lado encontrarse de frente con un personaje como Nixon, conocerle humanamente y dilucidar los motivos que pudieron llevarle a comportarse tal y como lo hizo. Por otra parte disfrutar de los preparativos de una de las entrevistas más importantes realizadas hasta el momento. Y por último sufrir y retorcerte con Frost hasta conseguir que por fin Nixon confiese y obtenga el juicio público y popular que nunca tuvo. En una palabra: JUSTICIA.

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Si algo tuviera que criticarle a la historia es haberle concedido tan poco tiempo a la interesantísima investigación llevada a cabo por los asesores de Frost. Un periodista de Washington perfectamente interpretado por Sam Rockwell y un enigmático historiador muy empeñado en demostrar la culpabilidad del Presidente. Para mi gusto ha cedido demasiado tiempo al análisis que hace de sus protagonistas. Aunque tampoco quiero verlo como algo negativo. Porque quizás resulte enriquecedor conocer a un hombre como Nixon en su intimidad, con sus fortalezas y sus flaquezas. Identificarle como un hombre muy preparado y muy conocedor de los despiadados entresijos de un debate, de un combate; a la vez que sabemos de sus inseguridades, se sus frustraciones y de todos esos puntos débiles que él mismo reconoce y acepta.

A parte de por su guión destaca por sus intérpretes y por su magnífica realización. Impecable sobretodo es la interpretación de Frank Langella, sin duda alguna, su mejor papel hasta el momento. Y destacable es el excelente y carismático trabajo llevado a cabo por Michael Sheen. Ambos protagonistas de la versión teatral, con la que alcanzaron un notable éxito. En cuanto a la realización también quiero mostrar mi admiración. Comprometidos movimientos de cámara y arriesgados juegos de luces y enfoques componen el plato fuerte de una película que consigue enamorarte por los ojos, y eso no siempre es fácil.

En definitiva, una película apta para todos los públicos, pero sobretodo para aquellos que disfrutéis con los Biopics.

Más información: ficha técnica y trailer de la película

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Una respuesta a “Crítica El desafío: Frost contra Nixon

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