La casa de mi padre: la huella de ETA en el cine de ficción español

cartel_amalur1Muchas veces se ha dicho eso de: “…pero si aquí en España nunca se habla de ETA. Incluso para el cine es un tema tabú…”. Bueno, pues eso sí que es una mentira y gorda, y no la zalamería estrenada la semana pasada y dirigida por el tándem Albacete y Menkes. Bromas a parte, tal afirmación dista de la realidad y sino recorramos la historia del cine español y contemos cuántos títulos tienen como protagonista a  la organización terrorista. Si mis cálculos no me fallan, desde 1977 hasta la actualidad, casi 40 largometrajes cinematográficos han acercado al público, por medio del documental o de la ficción, determinados aspectos de la historia de ETA. A ellos habría que añadir un buen número de cortometrajes y de producciones para DVD y televisión, lo que desmiente esa afirmación de que el audiovisual español no ha sido capaz de hacer películas sobre ETA. Aunque como indica el título de mi post, mi atención está puesta en la ficción, el género quizás más ambiguo en cuanto a la humanización de la banda terrorista y la condena a la violencia.

La historia arranca en 1968. Néstor Basterretxea y Fernando Larruquet, por aquel entonces jóvenes e intusiastas cinéfilos, realizan una de las obras emblemáticas del cine en Euskadi: Ama Lur.  Con ella consiguieron mostrar al público unos valores nacionalistas y despertar las conciencias que se encontraban dormidas desde hacía más de 30 años. Aunque no fue hasta mediados de los años 70 y 80, en el contexto de un cine vasco politizado como consecuencia de la transición democrática, cuando se multiplicaron las películas (primero cortos y luego largometrajes) que reflejaban la situación vasca. Esta lógica politización, eclosionada tras muchos años de represión, explicaría también la abundancia de películas que en sus inicios daban una visión de claro partidismo favorable al nacionalismo e incluso proclive a ETA.

cartel_fugasegoviaDiversos cineastas abordaron directamente el tema, aunque me gustaría destacar el papel de Imanol Uribe, cuyas realizaciones retratan problemas del País Vasco actual, como el terrorismo de ETA o la intransigencia social. Es considerado uno de los precursores de este género (si consideramos como tal el cine de temática etarra) y uno de los más criticados por su acusada humanización de los terroristas. En su haber cuenta con cuatro películas sobre ETA: El proceso de Burgos (1979), documental sobre uno de los últimos juicios a varios miembros de ETA durante el franquismo. La fuga de Segovia (1981), también sobre hechos reales, pero ya con un tratamiento de ficción. La muerte de Mikel (1983) o Días Contados (1994), Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y Premio Goya a la mejor película y al mejor director. Junto a Uribe hubo otros cineastas que también pretendieron dar su particular visión sobre algunas acciones de ETA, como el asesinato de Carrero Blanco, llevado al cine por Gillo Pontecorvo (Operación Ogro) y José Luis Madrid, director de Comando Txikia, el largometraje que, en 1977, abrió la serie de filmes sobre ETA.

Los años irán pasando y el cine cada vez más politizado y nacionalista se desgastará. Desde comienzos de los años 90, la búsqueda  de temas más universales en el cine vasco y un cierto hartazgo de los espectadores produjeron una reducción en el número de películas sobre la problemática vasca. Un género que volvería a resurgir al final de la década cuando dos importantes sucesos tuvieran lugar en el País Vasco: en primer lugar el desolador golpe que vivió el pueblo de Ermua en 1997 con el secuestro y el posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco y pocos meses después las dos esperadas treguas de ETA (1998-1999), dos hechos que vislumbrarían la posibilidad de hacer cine desde un punto de vista diferente al que hasta el momento se había estado produciendo.

cartel_todos_estamos_invita1Estos acontecimientos marcaron el inicio de una nueva etapa en el cine vasco. Una nueva remesa de realizadores volvieron a abordar el tema del terrorismo. No sé si más valientes, pero sí menos propagandísticas y favorables al nacionalismo, comenzaron a ser las producciones estrenadas en la época. La víctimas dejaron de ser títeres y se convirtieron en las verdaderas protagonistas de la historia. Un hito al respecto ha sido Todos estamos invitados (2008) de Manual Gutiérrez Aragón, alabada por unos y vilipendiada por otros, en la que se intenta olvidar la perspectiva omnipresente de los terroristas y poner la cámara a la altura de las víctimas.

Películas como Sombras en una batalla (1993), de Mario Camus, Yoyes (2000), de Helena Taberna, y El viaje de Arián (2001), de Eduard Bosch, dieron a entender que se estaba produciendo un cambio de rumbo. No obstante, películas como La voz de su amo (2001), de Emilio Martínez Lázaro, o Clandestinos (2007), de Antonio Hens, nos recuerdan que no todos están de acuerdo con el cambio de perspectiva y que la visión de una banda de terrorismo humanizada aún pervive en filmes actuales: este enfrentamiento de perspectiva pone en evidencia cómo la ambigüedad convive y se entrecruza muchas veces tanto con una cierta mitificación de ETA como con la condena de la violencia. Esta idea es perceptible en películas como La Rusa, en la que los personajes negativos no son los terroristas, sino algunos militares españoles, que no han abandonado sus ideas franquistas  y que boicotean la negociación política con ETA.

carte_la_casa_de_mi_padreLos dos ejemplos más actuales son: Tiro en la Cabeza de Jaime de Rosales, una soporífera recreación del atentado cometido por tres etarras contra  dos guardias civiles en Capbreton, en la que no existe diálogo y la realización está marcada por la austeridad y el mal gusto. Y La casa de mi padre del novel Gorka Merchán que llega a los cines esta semana, y que a través de los personajes de Juan José Ballesta, Verónica Echegui, Carmelo Gómez y Emma Suárez muestra el lado más humano del conflicto vasco.

La cinta, preestrenada en Madrid el pasado lunes, narra la historia de la familia Garay, un núcleo resquebrajado donde la ideología política de cada uno de sus miembros se convierte en el motor de un odio en apariencia irreconciliable. Aunque todo son apariencias, puesto que cuando la muerte llama a la casa de alguien el odio y las diferencias se quedan aparcadas en la puerta. Esto es lo que le ocurre a Txomi Garay (Carmelo Gómez) que cuando se entera de que su hermano, con el que hacía años que no se hablaba, está enfermo terminal decide regresar al País Vasco. Allí se encuentra con su pasado, con sus miedos y con todo lo que él un día odió por apartarlo de su vida. Su hermano, a punto de fallecer, le pide un último favor: evitar que su hijo Gaizka (Juan José Ballesta)  continúe por el camino proetarra cuando él muera. Una cinta donde se muestra la vida de jóvenes radicales y futuros integrantes del brazo armado de ETA, cuyos sueños están ligados a una sed de libertad injustificada que conducirá sus vidas hacia un camino del que después es imposible regresar.

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4 Respuestas a “La casa de mi padre: la huella de ETA en el cine de ficción español

  1. Pingback: Crítica En el nombre del padre « Cine, películas, críticas de cine y estrenos

  2. “una sed de libertad injustificada”, sin duda, y una sed de dominación justificada? muy gracioso el comentario

  3. Pingback: Blog: quealucine.wordpress.com .:RadioTK LIVE:.

  4. Que tal!, Me he registrado y me parece un foro muy completo, quiero ser una parte importante de esta comunidad, y me gustaria ayudar si puedo.

    Un saludo..

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