Crítica En el nombre del padre

cartel1Actualmente nadie duda de la influencia del cine como una de las señas de identidad de la sociedad contemporánea. Desde sus orígenes, el cine ha buscado argumentos en los hechos históricos, políticos y sociales, que por su inmediatez o por el dramatismo de su acción pudiera atraer el interés de los espectadores. No es extraño, por lo tanto, que el terrorismo haya sido también un buen filón temático para la producción cinematográfica, especialmente en las últimas décadas. Un hito al respecto es la película protagonista de mi post de hoy: En el nombre del padre, del genial Jim Sheridan, uno de los directores irlandeses más alabados en el circuito internacional y autor de grandes éxitos como Mi pie izquierdo, En el nombre del hijo o En América. Las películas de este guionista, director y productor han gozado del favor del público y de la crítica internacional y han reportado dos Oscars a los actores que salían en ellas, además de 13 nominaciones a dichos premios y diversos y numerosos galardones de renombrado prestigio.

Después del artículo publicado la semana pasada: La huella de ETA en el cine de ficción español, he buscado en mi baúl de los recuerdos y he rescatado uno de los clásicos modernos más polémicos y emblemáticos del cine de temática terrorista: En el nombre del padre, donde Sheridan convierte en ficción un trágico hecho real, que conmocionó no solo a las sociedades inglesas e irlandesa sino a la comunidad internacional en su totalidad.  Los hechos vividos por cuatro jóvenes irlandeses -conocidos como los “cuatro de Guildfor”-  a manos de la policía inglesa volvió a poner en relieve los excesos de poder y autoridad y la sed de venganza de una policía que no era capaz de hacer frente a una banda terrorista cada vez más escurridiza y mejor preparada. El resultado: detener a quien hiciera falta, inocente o culpable, con la única intención de que la sociedad no se revelara en contra de unas instituciones cada vez más malogradas e inservibles que no dudaban en saltarse la legalidad aunque para ello tuvieran que destrozarle la vida a personas inocentes.

Corría el año 1974 y una bomba colocada por el IRA en el ‘pub’ ‘Horse and Groom’ de Guildord causó la muerte de cuatro soldados y un civil. Este hecho desencadenó la tragedia vivida por la familia de Gerry Conlon, acusado de manera injusta, junto a tres amigos, de ejecutores del atentado e integrantes del grupo terrorista del  IRA. Junto a los popularmente conocidos como “los cuatro de Guildford” varios familiares también fueron detenidos, encarcelados y sometidos a violentos interrogatorios en los que la policía británica, mediante procedimientos ilegales, conseguían que todos confesaran un crimen que nunca habían cometido. Quince años después fue reconocida se inocencia, aunque el padre de Gerry, Giuseppe Conlon, también detenido injustamente y acusado de terrorista, murió en la cárcel, antes de poder limpiar su nombre.

El suceso –que Gerry Conlon relató en el libro Proved Innocnet- conmovió a la opinión pública, sin embargo, la cinta no se libró de críticas. Algunos protagonistas retratados en el filme acusaron de calumnias e infamias los argumentos utilizados por el director irlandés, que junto a su compañero Terry George, dejaron constancia de la gravedad del acontecimiento, tildado por muchos expertos como uno de los errores legales y judiciales más lamentables de la historia reciente. Dichas críticas, afortunadamente, no fueron escuchadas por el público y la crítica internacional que no dudó en calificar a El nombre del padre como la mejor película de 1994, denominación que le valdría 4 candidaturas a los Globos de Oro y siete a los Oscar, aunque finalmente no obtuvo ninguno.

Desde el punto de vista cinematográfico, y a pesar de ser una película densa, la realización, la ambientación, la fotografía, la interpretación y la banda sonora no podían ser mejores: La película queda oficialmente inaugurada con una estremecedora canción interpretada por U2, cuyos golpes instrumentales y letra te advertirá de que lo que vas a ver a continuación no se te olvidará jamás. A continuación llega una perfecta ambientación de Belfast y Londres de los años 70 y unos acontecimientos que te indignarán y llenarán de rabia, perfectamente recreados  en las terribles secuencias de los interrogatorios y el duro drama carcelario, donde las drogas, los matones y el aislamiento se convierten en el pan de cada día. Y qué decir de las interpretaciones, principales culpables de trasportar al filme al súmun de la perfección. Un magnífico Daniel Day-Lewis y un sorprendente Pete Postlethwaite harán las delicias de todos aquellos amantes del buen cine.

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