Crítica Paisito

cartelUn nuevo terrible episodio de la historia Latinoamericana vuelve a ser rescatado por el cine. En esta ocasión, no se trata ni la temeraria dictadura de Pinochet ni de la aún persistente dictadura cubana. En este caso, el hecho que pretende revivir la cineasta navarra Ana Díez sucede en 1973, a caballo entre España y Uruguay, y tiene que ver con uno de los acontecimiento más sangrientos y terribles por los que el país latinoamericano ha tenido que pasar, un virulento Golpe de Estado cívico-militar desconocido para la mayoría.

Paisito, acepción con el que los uruguayos se refieren a su país, es el vocablo elegido por la joven cineasta para ser el título de una cinta valiente, comprometida y que nos mantiene muy fresquita la memoria de la historia y de la resistencia en el Uruguay de la represión, de la dictadura y de la etapa negra. Una película ambientada en el Uruguay de los 70 y en la Navarra actual, que se encargará de revivir ese macabro episodio a través de la mirada de dos niños.

Xavi (Nicolás Pauls) es uruguayo y llega a Pamplona para incorporarse a un equipo local. Para su sorpresa, allí se encuentra con Rosana (María Botto), quien fue su primer amor, cuando eran niños en una Montevideo enfrentada, tras el golpe militar de 1973. El padre de Xavi (Emilio Gutiérrez Caba), un zapatero remendón navarro, había llegado de Uruguay escapando del franquismo; el de Rosana, Roberto Severgnini (Mauricio Dayub), era un policía recto y ejemplar padre de familia, nombrado jefe de la institución en Montevideo, cuando la dictadura comenzaba a reprimir a sus opositores de forma ilegal.

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Con la perspectiva de los años los acontecimientos toman forma y los protagonistas, que apenas contaban con 10 años durante esa complicada época, comparan sus vivencias con el ánimo de encontrar explicaciones. Ana Díez plantea un filme con tintes documentales más preocupada por sus ganas de contar cosas que por su puesta en escena. Cada plano, cada diálogo, está encaminado a un objetivo: Dar a conocer la situación que desencadenó en el golpe de Estado.

Pese a que en muchas ocasiones la película puede resultar aburrida (por sus descarados tintes documentales), la directora consigue mantener el tipo y sostener “la atención” del público gracias al interés intrínseco de la crónica histórica a la que hace justicia y a la rocosa solidez de los inspirados intérpretes, fundamentalmente Emilio Gutierrez Caba y Mauricio Dayub. Sin embargo, las grietas se filtran por la difícil convivencia entre el pasado y el pasado remoto. El relato está dividido en dos planos cronológicos, uno ubicado en Uruguay y el otro en España. El segundo, del que son protagonistas María Botto y Nicolás Pauls, emerge en intermitencias muy poco justificadas e interrumpe abruptamente el desarrollo de la trama principal, para al final aportar muy poco al tronco común de la historia.

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En resumidas cuentas, es una película interesante en cuanto a contenido aunque aburrida en lo que a la forma respecta. A lo que debo añadir que carece de equilibrio argumentativo, es decir, la directora decide narrar pasajes de la historia prescindibles que al final le obligan a narrar el desenlace de una forma atropellada  y carente de sentimiento. El resultado final, a pesar de contar con buenas interpretaciones y con una interesante historia, se antoja aséptico y desapasionado.

Más información: ficha técnica y trailer

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5 Respuestas a “Crítica Paisito

  1. Pingback: Paisito. Estreno el 24 de julio « Cine, películas, críticas de cine y estrenos

    • La película me parece interesante y excepcional. Se hace corta. Y el final no es ni mucho menos abrupto, etc. Creo que viendo la misma película hemos visto dos. Es intemporal, están el pasado y el presente de muchos países, de tal modo unidos a los comportamientos personales y los odios y distanciamientos sin ir más lejos hoy por hoy siguen en nuestro país y se inician en otros como el último golpe en latinoamérica. Es histórica y reciente pues nuestro pasado nos ha construido.

  2. La película trata un tema interesante pero tal y como dice la crítica resulta aburrida y el final totalmente desapasionado. Es una pena, porque el tema contado de otra manera habría logrado mayor impacto, sobre todo después de los últimos acontecimientos que se están viviendo en Honduras.

  3. Conchita no tenes ni idea de nada, por eso te aburris, y Honduras esta muy lejos de Uruguay

  4. Acabo de verla y me ha encantado, pero la gran falencia de la película es, precisamente, la falta de enlace y equilibrio entre dos planos: presente y pasado. Los pequeños “flashes” de presente aciertan en los planos corporales, pero la flaqueza de los diálogos en esa “zona” de la película es notoria y empañan un poco algo que se pudo hacer mejor. Por ejemplo, podría dejarse indicado, muy sutilmente, la manera cómo llegó Rosana a (podrían responderme “pero si eso es implícito”), pero no se ve esa señal. La actuación de Nicolás Pauls no es muy buena. Los aciertos, sin embargo, son tantos, que el balance resulta positivo: 1. a contramano con lo que dice la directora sobre el posicionamiento político en una dictadura -“hay que tomar posición”, la película te deja un sabor de boca muy feo con respecto a la lucha por el poder (gran acierto no dejar a los tupamaros como “santos”) y al abuso del mismo: la única toma de posición correcta es la que se ajusta a los valores democráticos, que ninguno de los actores principales de la guerra fría (contexto global de 1973) respetó, y que los personajes centrales . 2. La actuación de Mauricio Dayub es simplemente IMPRESIONANTE. Yo no lo conocía, ha hecho poco cine por lo que he googleado de él, y debería dejarse ver más a menudo por el ecran. Por lejos el mejor de todos, un verdadero portento (y qué bien le quedaba el uniforme), 3. El título de la película va a tono con un apelativo de los uruguayos hacia su propio país, y despierta mayores curiosidades como aquella que nos lleva a preguntarnos sobre la influencia del dicho “pueblo chico-infierno grande” (donde todos se conocen y por tanto el cotilleo puede desencadenar bombas nucleares) en el ejercicio del poder. Lo ví cuando exploré, recientemente, la dimisión de una ministra del Interior por fotos en el Facebook. En la película se transmite con claridad ese “todos nos conocemos” (lo sentí en la piel y casi me recuerda la época en que vivía en un pueblo), ese aire pueblerino. 4. Uruguay no es una extensión de la Argentina. Es otro país, y eso se deja bien claro. Brillantes todos los actores en hacer el acento uruguayo (que yo ahora sé diferenciar bien del argentino) .5. Cuando empezó la película y el futbolista decía a los medios que estaba contento de jugar en la tierra de su padre, me espanté y dije “ok, de nuevo con el manido argumento del nieto-de-español-post-crisis/corralito” y se me bajaron las esperanzas (y el azúcar), pero el desarrollo de la película es mucho más profundo que eso … y el grito del hoy jugador cuando era niño es determinante para “diferenciar” este film de la onda genealógica del cine argentino posterior a la “crisis”, manido y por tanto cansino argumento.

    A “Yo”: Honduras está lejos de Uruguay en muchos sentidos, pero es también un “paisito” (como Guatemala o Paraguay). La extensión de un país sí es un factor que gravita en la estructura social. El final es en efecto desapasionado, además, pero dejar finales abiertos te introducen a nuevos rumbos, a la búsqueda de piezas nuevas para ese rompecabezas inconcluso. De eso se trata el buen arte ¿no?

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