Crítica Celda 211

cartelEn QueAlucine hemos seguido desde el principio el nuevo proyecto de un Daniel Monzón, renovado y más maduro, que ha conseguido desde el primer día en cartelera eclipsar al público español. Aún me acuerdo hace un año, cuando hablamos en el blog sobre la llegada de Monzón a Zamora para rodar –por aquel entonces ya se rumoreaba- una de las películas más ambiciosas de la cinematografía española presentadas este año.

En aquel primer artículo que le dedicamos, ya destacamos los atributos de un director y guionista -que antes de nada fue crítico de cine- como uno de los directores noveles más prometedores de esta última remesa. Ahora, gracias a Celda 211, lo hemos podido corroborar.

El argumento es el siguiente: Juan (Alberto Ammann, en su debut en la gran pantalla) es un joven funcionario de prisiones que, el día anterior a su primera jornada de trabajo,  hace una visita a la cárcel de Zamora donde ha sido destinado. Allí, sus futuros compañeros le van enseñando los distintos módulos que componen la prisión, y le van poniendo un poco en situación sobre las rutinas de trabajo. Sin embargo, lo que iba a ser una sencilla toma de contacto con el lugar, se convertirá en una angustiosa experiencia para Juan, ya que repentinamente estalla un motín dentro de la cárcel, liderado por el carismático delincuente Mala Madre (Luis Tosar), haciendo que Juan quede accidentalmente atrapado junto a los presos amotinados. Rodeado de toda una jauría de criminales que podrían lincharle en caso de saber su identidad y oficio, Juan tendrá que ingeniárselas para sobrevivir al motín.

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Perfectamente enmarcada dentro del subgénero carcelario, a Celda 211 tampoco le faltan mensajes críticos camuflados en la trama para sacar los colores al sistema. Desde la crítica a la hipocresía de los políticos (en donde sabiamente no se nombra quién está en el gobierno, evitando partidismos) hasta el poder de los medios de comunicación para mover a la población (para bien y para mal), pasando por un rabioso ataque hacia el sistema penitenciario, que favorece el castigo y la exclusión frente a la reinserción y la rehabilitación.

En cuanto a los actores, los únicos que salen verdaderamente airosos de este Titanic carcelario son: Carlos Bardem, y muy especialmente Luis Tosar. Este último logra componer un personaje por el que el espectador llega a sentir respeto y simpatía, a pesar de que su interpretación está continuamente al borde de lo excesivamente forzado, o directamente sobreactuado. Aún así debo puntualizar que si los premios fueran justos, en la próxima edición de los Goya, él debería ser el gran triunfador.

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En resumen, creo que es un filme aceptable. Me atrevería incluso a decir, que da las mejores propuestas españolas de este último año. Sé que no es habitual en mí, pero en esta ocasión os recomiendo la visita al cine. Creo que no os decepcionará…

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Una respuesta a “Crítica Celda 211

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